Una extraña despedida

Las probabilidades de reencontrarse con alguien que ocupó una parte de tu ser son tan reducidas que a veces es necesario hacerlo intencionalmente. Quizá no era la mejor forma de hacer que la espera fuera menor, pero nadie dice que está prohibido.

Como si nos hubiéramos comunicado por telepatía, aunque el de la intención era yo, pues no pude aguantarme las ganas de saludar. Se sentía como si fuera la primera vez, sólo que sin oportunidades de avanzar por ambas partes, pues la vida nos jugó un truco sucio del que no hay marcha atrás.

De pronto nos arrepentimos de lo malo que había sucedido y de los errores que cometimos. Recordamos aquello que nos hizo valer y por lo que aún nos recordamos el uno al otro, sólo que esta vez limitando nuestro vocabulario. Se dijeron las verdades y las novedades, pero también las necedades de ambos.

Pero esto no podía durar mucho si no es mas que otro reencuentro, de lejos y sin posibilidades de retomarlo. Se sentía al responder y al pensar una palabra, pues no podíamos hacer más que negarnos y distancionarnos otra vez. La despedida era inminente, y aunque hubiera querido evitarla, no habría podido lograrlo.

Nos abrimos los ojos y entendimos que todo pasó en el tiempo que fue, pero no en el que debió ser. Y aún así no habría una nueva oportunidad, porque todo está dicho y hay cosas que ya no pueden cambiar. Desear lo mejor es una de ellas y estoy seguro que así será, por el bien y la felicidad de ambos.

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